Liliana Colino, la única mujer argentina que pisó las Islas Malvinas durante la guerra

Su historia es poco conocida. Participó de una evacuación aeromédica en Puerto Argentino y el avión casi la deja. Dejó la Fuerza Aérea porque no ascendían a las mujeres. Pusieron una placa en su honor, pero con el nombre equivocado

Liliana Colino, la única mujer argentina que pisó las...

Las mujeres fueron fundamentales durante la guerra de Malvinas. La mayoría fueron enfermeras e instrumentadoras quirúrgicas de las tres fuerzas que estuvieron en buques sobre el Mar Argentino y en hospitales en el continente. Sólo 16 cumplen con los requisitos exigidos por ley para cobrar una pensión del Estado. Y sólo una de ellas, la enfermera Liliana Colino, pisó las Islas mientras duraron las hostilidades. Apenas se conocen algunos párrafos de su historia que alguna vez publicó una revista de interés general. El resto sólo lo saben sus familiares y amigos. Infobae la entrevistó en su casa del barrio porteño de Flores, donde también tiene un consultorio veterinario.

Cuando se escuchó la alarma en el hospital reubicable que la Fuerza Aérea había instalado en Comodoro Rivadavia, ya estaba arriba del Hércules C-130 que la llevaría a Puerto Argentino. A todos los soldados los habían entrenado para eso: apenas sonaba el alerta, había que dejar todo y correr hasta el refugio, que estaba a unos 100 metros de la pista. Liliana se bajó del avión y enfiló hacia allí. "Yo veía que todos pasaban al lado mío, que soy flaquita y tenía borceguíes y cargaba un morral lleno de medicamentos e instrumentos. Pensé que no llegaba, que me moría ahí", recordó. En eso se oyó una orden: "Ayuden a la cabo principal". La emitió la persona que estaba a cargo del refugio. La puerta no se cerró hasta que llegó Liliana. "Eso me dio certeza de que no estaba desamparada. Nunca me sentí sola. Tuve muchas muestras de compañerismo, siempre me sentí contenida", contó.

No sabe si pasaron 30 minutos o 3 horas, porque en esas circunstancias el tiempo se estira. "Perdón que la toqué", le dijo un soldado poco acostumbrado a tratar con mujeres en medio del tumulto del refugio. "Todos rezaban", es lo único que recuerda. En algún momento la puerta se abrió y tuvo que volver a correr hacia el Hércules. Los jefes amagaron con abortar la misión, pero había muchos heridos esperando al avión sanitario en las Islas Malvinas. "Hay que intentarlo", le dijeron.

Esas seis, ocho o diez horas que duró su misión dejaron su huella. A sus 26 años, la guerra ya le había marcado un antes y un después, pero el viaje a las islas la enfrentó con la muerte. Primero, porque le dejó una secuela en su cuerpo, una inmunodeficiencia genética por estrés postraumático. Y segundo, porque le cambió la perspectiva de la vida. "Saber que el avión en el que vas en cualquier momento se cae y todo se acaba me cambió la dimensión de las cosas. Cuando volví, me preguntaba si después de eso, vale la pena complicarse con tal o cual cosa, o hacerme mala sangre con lo otro. Empecé a ver la vida de otra manera", reflexionó.