La utopía nazi de Nueva Germania



Elizabeth Nietzsche conoció a Bernhardt Förster en el entorno antisemita de Richard y Cosima Wagner. Por aquel entonces, Bernhardt era más conocido que su futuro cuñado, el filósofo Friedrich Nietzsche, a quien apenas leían unos pocos. Förster era uno de los llamados Siete Alemanes, exaltados nacionalistas que en 1879 habían decidido cambiar radicalmente el país. Así, en 1881, habían conseguido reunir 267.000 firmas al pie de una carta en la que se realizaba a Bismarck una doble petición. Por una parte, que limitara la entrada de judíos. Por otro lado, solicitaba que los judíos que ya habían llegado fueran censados y sometidos a diversas restricciones. A partir de este suceso, Förster gano una fama que fue acrecentando su popularidad entre las clases más defensoras del sentimiento alemán.  



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La gran pasión alemana desde mediados del siglo XIX, por encima de cualquier otra, fue el antisemitismo. No era algo nuevo, sino que se remontaba a Lutero y formaba parte de los fundamentos nacionales del Volkgeist germánico. El Romanticismo, conocido por potenciar el nacionalismo alemán, alentó desde ciertas radicalizaciones de sí mismo lo peor del pensamiento luterano, momento que aprovecharon Förster y sus compañeros para iniciar su carrera de agitadores y recorrer el país con su mensaje de odio y discriminación. Förster ansiaba impacientemente una Alemania libre de judíos, y como aún no existían ni Hitler ni el partido nazi, soñaba con una refundación de la nación alemana en alguna parte del mundo a la que los judíos no hubiesen llegado.



En 1883, Förster abandonó su empleo como profesor y viajó por varios países de América buscando su Edén. Finalmente, recaló en Paraguay, convencido de que allí era donde debían cumplirse sus sueños. Convaleciente de la Guerra de la Triple Alianza, el país necesitaba pobladores, por lo que a tal efecto vendía tierras a un módico precio. Ilusionado por las facilidades que se le ofrecían, regresó a Alemania para preparar el tránsito en marzo de 1885 y se casó con Elizabeth el 22 de mayo. Inmediatamente, la pareja se dedicó a ir de pueblo en pueblo haciendo propaganda, evitando las grandes ciudades, y concentrándose sobre todo en las zonas más deprimidas, como Sajonia. Ella repartía panfletos, él daba discursos. 



Como parte de su campaña, Förster escribió y publicó en Hamburgo, en 1886 ?Colonización alemana en la zona del alto La Plata, con especial referencia al Paraguay?. El libro no era únicamente un engañoso relato de viaje, sino también un programa de vida y una exaltación de la raza, el antisemitismo, el vegetarianismo, el luteranismo y la música de Wagner. 



El vapor Uruguay zarpó de Hamburgo a principios de febrero de 1886, rumbo a Montevideo con el matrimonio Förster-Nietzsche y otras catorce familias alemanas a bordo. Ya en su destino, Förster se ocupó de arreglar el traslado a Asunción, que se hizo en un vapor bastante más pequeño que el que les había llevado desde Hamburgo. Cinco días después, el 15 de marzo, el grupo llegó a Asunción. Förster y su esposa pasaron su primera noche en una habitación de hotel, mientras su rebaño improvisaba unas chabolas en las inmediaciones del edificio de la aduana. Todavía faltaban 250 kilómetros. para llegar a un triángulo de unos seiscientos kilómetros cuadrados en el que habría que crear la Nueva Germania, en el margen del río Araguaya. Dicha travesía se estimaba en unos siete u ocho días de navegación por el río Paraguay y otras tres o cuatro  jornadas más a caballo y en carreta de bueyes. 



La etapa de construcción de viviendas resaltó aún más las diferencias entre la pareja dirigente y sus seguidores: mientras para los Förster se levantó una mansión, con el trabajo y dinero de los colonos, éstos tuvieron que malvivir en modestas casuchas, La mansión se inauguró en marzo de 1888, y durante  mucho tiempo fue la única vivienda realmente acabada de Nueva Germania. Mientras se construía la casa, Elizabeth escribía cartas personales y artículos para periódicos nacionalistas como el Bayreuther Blâtter, mintiendo sobre los progresos que se hacían en el Paraguay, incluyendo fantasías como la botadura de un barco y la construcción de un ferrocarril. En el transcurso de los dos años que se invirtieron en construir la mansión, cuarenta familias alemanas más llegaron a Nueva Germania. 



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Los colonos que construyeron la casa de la pareja Foster-Nietzsche.



Un tal Julius Klingbeil, llegado a la colonia en 1888 en compañía de su esposa, comprobó que todo era un engaño y que los emigrados vivían allí peor de lo que lo hacían en Alemania. No sólo trabajaban en exceso y habitaban viviendas precarias, sino que también estaban pobremente alimentados. Mientras que los Förster-Nietzsche comían carne, a pesar de todas sus declaraciones de principios vegetarianos, los demás se alimentaban de arroz y legumbres, ya que la miel y la leche se vendían para poder comprar, a precios sobredimensionados, artículos de primera necesidad que se vendían en la única tienda de la zona, propiedad de la pareja.



Klingbeil publicó en Leipzig un libro titulado ?Revelaciones acerca de la Colonia Nueva Germania de Bernhard Förster?, y así pronto se desató el escándalo. Elizabeth respondió en las páginas del Bayreuthe Blâtter, desmintiéndolo sin demasiado éxito y contando nuevas falsedades sobre el progreso de los emigrados. Förster se pronunció al respecto, y su cuñado Friedrich escribió a un amigo diciendo que en Paraguay las cosas iban todo lo mal que podían ir. 



Poco a poco la pareja se fue distanciando. Con el pretexto de recaudar dinero, Förster  empezó a pasar cada vez más tiempo en Asunción, alojándose en el Hotel del Lago de San Bernardino, donde había una importante número de alemanes prósperos. Förster se emborracha a diario, y llega a escribir cartas a su mujer en un tono patético. En la noche del 2 al 3 de junio, sólo en su habitación del Hotel del Lago, Förster se envenenó con una mezcla de morfina y estricnina. Avisada, Elizabeth acudió a San Bernardino sin perder tiempo, consiguiendo que un médico alemán firmara un certificado de defunción atribuyéndola a un ataque de nervios (el exceso de trabajo, la esforzada dedicación a la honorable causa del antisemitismo, la extensión del imperio por nuevos territorios, y la defensa de la raza alemana). En Alemania se consiguió ocultar la verdad por completo, pero allí, en Paraguay, todo el mundo supo que se trató de un suicidio.



Muerto Förster, Elizabeth regresó a Alemania para mercadear con la obra de su hermano. Sin embargo, quizás por pura insensatez, retornó a Nueva Germania en 1892 sin tener en cuenta que allí ya nadie creería una sola palabra. De nada le valieron sus nuevas mentiras, y en breve fue obligada a marcharse. La casa de los Förster-Nietzsche fue adquirida por un barón alemán, para luego pasar por varias manos antes de ser abandonada. A finales del XX no quedaba de ella más que la estructura. 



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A tres décadas de la llegada de los primeros colonos al lugar, sobre 1920, se había cumplido aproximadamente el objetivo inicial de reunir allí unas cien familias alemanas. Al acabar el siglo XX, el número de pobladores se mantenía invariable. Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, el enclave sufrió un proceso de nazificación parcial, o de regermanización si se prefiere, y varias leyendas aventuran a pensar que algunos nazis perseguidos hayan pasado un tiempo en Nueva Germania. En las últimas generaciones, un puñado de varones rubios se ha emparejado con mujeres paraguayas, pero son mal vistos por los demás. Los paraguayos, cuando hablan de los pobladores de Nueva Germania, los llaman ?los rubios? o ?la gente perdida?.



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