Los 10 directores de cine más locos de todos los tiempos



Sam Peckinpah: En este caso, sus excentricidades se suman a su desmedida afición a la botella. De naturaleza violenta, cuentan que el realizador se puso a gritarle como un energúmeno a Charlton Heston porque a su juicio no dirigía bien a las tropas de caballería colina abajo durante el rodaje de Mayor Dundee, hasta que acabó con la calma del normalmente equilibrado y pacífico actor. Al final, Moisés acabó sacando el sable y cargando contra él porque no podía más.



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Lars Von Trier: Con 12 añitos fue ingresado en un sanatorio psiquiátrico, lo que explica todo. Algunas de sus actrices, como la cantante islandesa Björk, han estado a punto de denunciarle por malos tratos por su crueldad durante los rodajes. Su agorafobia y su miedo a los aeropuertos, autopistas y estaciones le impiden viajar demasiado lejos de su Dinamarca natal, pretende ?revitalizar? el "desprestigiado" cine porno, y le expulsaron del Festival de Cannes por sus bromitas sobre Hitler y los nazis. ?Comprendo a Hitler. Creo que hizo algunas cosas mal, sí absolutamente. No es lo que llamarías un buen tío, pero le entiendo bastante y simpatizo un poco con él. Vale, soy nazi". ¡Como para quedarse a solas en un ascensor con él.


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Stanley Kubrick: Basta decir que se empeñó en que Verónica Forqué le pusiera la voz en español a la actriz principal de El resplandor. A ésta, Shelley Duvall, le había presionado de tal manera, para ?modelar a su personaje?, que tuvo que ser internada en un centro psiquiátrico a raíz de una crisis nerviosa que sufrió tras acumular tensiones y nerviosismos durante meses. Durante la filmación llamó a Stephen King a las tres de la mañana para preguntarle? ¡si creía en Dios! Cuando rodó 2001: una odisea del espacio estaba angustiado por la posibilidad de que los extraterrestres llegaran a la Tierra antes del estreno de la película, lo que la dejaría desfasada. Rogó a la compañía aseguradora Lloyd?s que cubriese el riesgo económico de tal posibilidad, pero ésta no aceptó.



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Akira Kurosawa.: Que sí, que Dersu Uzala muy tierna y humana. Pero su creador, un psicópata apodado en japonés Tenno, o sea Emperador, por sus métodos despóticos y dictatoriales a la hora de dirigir a los actores. En Trono de sangre se negó a usar flechas falsas para la ejecución de uno de los personajes, por lo que estuvo a punto de liquidar al actor. Y tenía la manía de gastarse auténticas fortunas en decorados que después casi no usaba, como un pueblo de Barbarroja y un castillo en la ladera del Monte Fuji, para Ran, que costó un dineral, y que no dudó en quemar tras usarlo en una sola escena.



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Cecil B. DeMille: Otra joyita. Le hacía tanta gracia su (bien ganada) fama de déspota psicótico, que solía ir a los rodajes ataviado con un látigo.

Se enfadó para siempre con Victor Mature, porque éste se negó a enfrentarse con un león real en una secuencia de Sansón y Dalila.


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Orson Welles: Un genio, sin duda, pero tenía un ego tan grande que se le salía por las orejas. Su primer largometraje, Ciudadano Kane, podría haber sido un éxito y habría arrasado en los Oscars, por sus indudables méritos, de no ser por el pequeño detalle de que el realizador tuvo la osadía de convertir la cinta en una diatriba contra Randoph Hearst, magnate de los medios de comunicación, y uno de los hombres más poderosos de la época. Imposible de controlar por los productores, ni siquiera llegaba a tiempo cuando se citaba con ellos, de ahí que tuviera que prodigarse como actor en films de tres al cuarto para financiarse él mismo sus propios proyectos.




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John Ford: Aunque por dentro era un ?trozo de pan?, no sólo trataba con dureza a los actores, sino que a menudo se burlaba de ellos. De hecho, pasa por ser la única persona del mundo capaz de? ¡hacer llorar al duro John Wayne! Durante el rodaje de Escala en Hawai, insultó tanto a Henry Fonda, que éste no pudo por menos que responderle. Así que se levantó de la silla del director para propinarle un puñetazo en la cara al actor. Como éste le esquivó, quedó tan afectado que empezó a beber (más de lo habitual), hasta que después de lanzarse desnudo desde un trampolín los doctores insistieron en que se sometiera a una cura de desintoxicación. No pudo acabar la película (la terminaron Mervyn LeRoy y Joshua Logan), pero un año más tarde, Ford había recuperado un poco la forma, pues rodó la magistral Centauros del desierto.




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Werner Herzog: No se sabe quién estaba peor, si él o su ya fallecido actor fetiche, el delirante Klaus Kinski, aunque ha tendido a trabajar con otros desquiciados, como Bruno S., músico que había pasado la mayor parte de su vida en manicomios. Posiblemente, el alemán sea el más loco con diferencia de toda la lista, ya que suele elegir películas peligrosas de rodar, como La Soufrière, documental filmado al lado de un volcán a punto de erupcionar, cuyos gases venenosos estuvieron a punto de matar a todo el equipo. Aguirre, la cólera de Dios requirió que el equipo viviera en balsas en los afluentes del Amazonas, sorteando rápidos peligrosos. En Fitzcarraldo su equipo sufrió el ataque de una tribu de indígenas.


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Michael Bay: En apariencia él está bien, pero cambia la vida de los actores que están a sus órdenes, hundiéndoles en la locura. Por ejemplo, a Megan Fox la despidieron de la saga de Transformers por insultarle, y empezó a sufrir brotes de esquizofrenia. Nicolas Cage llevaba una carrera coherente hasta que rodó con él La Roca, y hoy se esfuerza en encadenar bodrios, uno detrás de otro. Otro actor del film, Sean Connery, perdió el norte, así que rechazó convertirse en Gandalf, en El señor de los anillos porque no entendía el guión. Pero el más afectado ha sido Shia LaBeouf, protagonista de la saga robótica, que fue a la Berlinale con una bolsa de papel en la cabeza y hoy en día sólo concede entrevistas en verso.



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David Lynch:
Hace unos años fue al psiquiatra. Le preguntó si el tratamiento afectaría de alguna manera a su creatividad. Éste le contestó que sí, que eso era inevitable, así que el director de Terciopelo azul abandonó espantado la consulta. Jamás ha vuelto a acudir a un especialista.




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