El juego movíl del año no es Pokemon Go ha sido Clash Royale

No todos tenemos videoconsola pero muchos tenemos smartphone, y hablar de videojuegos que triunfan debe incluirlos sobre todo tras éxitos como el de Pokémon Go o el reciente lanzamiento de Super Mario Run. Pero si hablamos de fenómenos en los juegos para móviles de este año el que está arrasando es el Clash Royale.

Este segundo título de SuperCell recoge el testigo de un primer juego que ya dio muchas alegrías a los desarrolladores en cuanto a descargas y recaudaciones, Clash of Clans. Hace unos tres meses veíamos como Clash Royale arrebataba el primer puesto de juego más rentable en las tiendas de apps a Pokémon Go. ¿Qué tiene este juego para ser un éxito y haber desbancado a Pikachu y compañía?

Llevando el trono en el linaje

2016 empezaba muy bien para SuperCell, los desarrolladores de la esta saga de juegos: Clash of Clans se erigía como el juego que más ingresos había generado en 2015, con 1.345 millones de dólares por encima del segundo, Game of ware: Fire age, con 799 millones. Una pole position que lograba dos/tres años después de su lanzamiento (a Android llegó más tarde).

Pero antes de conocerse este dato la compañía ya había anunciado su segundo juego. A principios de enero supimos de Clash Royale, una segunda app que no era una secuela del Clash of Clans y que cambiaba la dinámica de proteger y construir aldeas presentando un juego con cartas, al estilo Hearthstone. Un anuncio relativamente tímido que nos mostraba lo que estaba por venir, pero que no llegaría hasta meses más tarde y a unos pocos países en una primera ronda.
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De las aldeas a los castillos

Clash Royale se trata de lidiar batallas mediante el uso de distintos guerreros y armas que usamos en forma de cartas con el fin de destruir las torres del enemigo manteniendo las nuestras. Para usarlas tendremos que tener suficiente elixir (que disminuye cada vez que usamos una y aumenta con el tiempo), el cual sale representado con una barra de progreso fucsia en la base.

Los ataques son más o menos potentes en función de la carta y del nivel de la misma, siendo más resistentes y más dañinas a medida que se avanza en el juego y se consiguen cofres con monedas y otras cartas, pudiendo subirlas de nivel. De este modo vamos ampliando la artillería y estableciendo nuestra estrategia de defensa y ataque a medida que tenemos cartas más variadas y más fuertes.
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A medida que se avanza en el juego se va ampliando el abanico de armas y tipos de guerrero, así como poder desbloquear los clanes (nivel 3) o los torneos (nivel 8). En nuestro progreso inicial también podremos ponernos un nombre (empezamos como anónimos) y subir de nivel a nuestros guerreros (nos avisará con una notificación en la pestaña de cartas cuando podamos hacerlo).

La batalla de la recaudación

El juego es de descarga gratuita, tanto en iOS como en Android, pero las compras in-app irán apareciendo a medida que se avance como una posibilidad rápida de progresar en el juego. Un sistema que funcionó en Clash of Clans, como veíamos antes al hablar de que fue el juego para móviles con más ingresos de 2015, y como ellos mismos comunicaron meses después al anunciar que los beneficios antes de impuestos se disparaban hasta los 848 millones de euros.

Tras el éxito de Clash of Clans, no fue de extrañar que para Clash Royale optasen por la misma estrategia de monetización
No fue de extrañar pues que para Clash Royale optasen por la misma estrategia de monetización, siendo otro juego distinto en dinámica pero jugando con el remanente de lo conocido en cuanto a estética e historia, algo que puede haber servido como gancho inicial. Y las cifras dicen que mal no le ha ido, dado que en su primer mes de actividad lograba recaudar 120 millones de dólares, si bien aquí Nintendo se llevó el oro con 200 millones de dólares en su primer mes según Sensor Tower
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Por esta misma firma supimos también que SuperCell reinaba también en descargas en lo referente a la App Store estadounidense, tanto por un juego como por otro. Clash of Clans era la app que más días había estado en el puesto número uno con un total de 374 días, mientras que en ese momento Clash Royale (con menos años de vida que la primera) llevaba acumulados 32 días, que si bien eran bastante menos que su predecesor eran la mitad de los que llevaba Pokémon Go, al cual había desbancado.

El hecho de que Clash Royale lograse desplazar al popular juego de Niantic de ese primer lugar coincidió en tiempo con una actualización importante del primero, por lo que podría haber sido parte de ese empujón. En la actualización había nuevas cartas que además revitalizaban las compras in-app (dando opción también a seguir acumulando ingresos)

Tencent: donde pongo el ojo, pongo la pasta

El éxito de Clash of Clans y la efervescencia que ya se ve en Clash Royale hicieron que SuperCell, la empresa que nacía en Finlandia en 2010, se pusiese en el punto de mira del gigante Tencent, el holding chino tras productos tan usados (sobre todo en Asia) como QQ o WeChat. En mayo de este año el WSJ barruntaba la venta hablando de las reuniones rumoreadas que ambas partes estarían manteniendo buscando un acuerdo.

Finalmente el trato se formalizaba un mes después, momento en el que supimos que no había sido una compra totalitaria, sino que Tencent se hizo con el 51% de las acciones de Supercell (que hasta el momento pertenecían a Softbank). Así, Tencent pasaba a ser el accionista mayoritario de SuperCell, la Midas de los desarrolladores de juegos a la que el holding sumaría el 51% de Frogmind, responsable de títulos como Badland.

El fenómeno Clash Royale

Como comentaban de la carta del bebé dragón, la fama de este juego no sólo se ha dado en cuanto a número de descargas o al haber tenido ese primer mes de buenas cifras. El fenómeno llega a los eSports con torneos internacionales y en YouTube encontramos numerosos vídeos de trucos de jugadores que abarcan un buen rango de edades, moviéndose bastante entre los niños.
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Lo bonito de este juego al final es jugar contra los jugadores más importantes, intentar ganarles, y sobre todo el grupo de amigos que se termina formando en un clan que se acaba convirtiendo casi en una red social.