Aliento Cotidiano 27 de Noviembre


"No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino". San Lucas 12:32

Con frecuencia hemos oído decir que el temor es la fuerza paralizante y negativa más poderosa del mundo.

La palabra del Señor dice que hay un temor que es positivo y es el temor reverencial al Señor.
Un temor equilibrado es necesario para que seamos protegidos.
Un niño no tiene miedo a nada, se pone a caminar al costado de una pileta de natación y termina cayendo en ella. Necesita un poco de temor al peligro para cuidarse y protegerse pero, muchas veces, los padres, por inculcarle el temor normal para la protección, le inculcamos un temor anormal el cual paraliza a nuestros hijos. ¡Y cuántos llegan a adultos dominados por el temor! Tienen diferentes fobias que los imposibilitan para actuar normalmente por causa del temor que los domina.

¿Cómo hacer para sacudir ese manto de temor que nos asfixia?
En primer lugar, enfrentándolo y, por decirlo así, llévele la contra.
Ante todo, encomiéndese a Dios y pídale no dominar sino vencer el temor que le ha vencido a usted por tanto tiempo.
Luego, haga precisamente esas cosas que le han causado tanto temor pero hágalas en el Nombre de Jesús, con fe en que el Señor está a su lado y va a ver cómo sus temores se desvanecen.

Va a empezar a sentir, de pronto, esa sensación que nos hace resplandecer por haber logrado una victoria. Esa misma sensación de gloria que nos invade cuando hemos tratado de hacer algo nuevo y difícil y lo hemos logrado.
Confíe en el Señor, no tema. El quiere darle nuevas fuerzas para vencer todos sus temores.

Adonai, mi Dios, mi Señor: Al confiar en Ti me siento edificado. En Ti confío pues Tú me das fuerzas para no temer. Amén.