Como una vieja bruja, la prensa española repite esta cifra haciéndose la escandalizada. ¡Noventa muertos, noventa muertos en sólo un día! Y en sus textos del más vergonzoso antisemitismo acusan a Israel de todo. No es Palestina, no es Gaza. Son los judíos. Es el viejo odio a los judíos que pervive como una tara de la especie. Han sido siempre el pueblo más perseguido de la Historia y lo continuarán siendo. Primero, porque la chusma odia a las élites, y el pueblo judío es la élite de la Humanidad. Segundo, porque son el pueblo elegido y Dios escribe demasiadas veces en renglones torcidos.

¡Noventa muertos, noventa muertos!, vociferan las antisemitas histéricas. ¿Han sido noventa? Me parecen pocos, francamente. Hamas suele poner muchos más escudos humanos a proteger los anunciados objetivos militares de Israel. ¿Noventa muertos? Todos los que Hamas ha usado de carnaza para poder triunfar en el recuento de cadáveres.

Son muertos de Hamas, trofeos del fanatismo más mortífero y lamentable. Son los muertos que el terrorismo de Hamas causa con su actividad asesina; son los muertos de Hamas, los que Hamas ha minuciosamente situado en los objetivos militares de Israel para practicar el victimismo del recuento. Es así como Hamas trata a su gente, esta es su obsesión por la muerte.

Israel no va a renunciar a existir, como el islamismo pretende, ni va por lo tanto a renunciar a defenderse, como pretenden las viejas brujas antisemitas que tanto abundan en la izquierda y en la prensa españolas. Si los terroristas deciden sacrificar a su gente, es su crimen y su recuento. La ofensiva en Gaza durará lo que tenga que durar, los terroristas son los que son, Israel lo sabe, y tiene derecho a la defensa propia de acabar con ellos.

No es que yo de la izquierda espere gran cosa, no es que yo de determinada prensa espere que entiendan absolutamente nada, pero es aterrador pensar que una parte de mis ciudadanos viven en esta cueva inframental, en este patatal del más oscuro de los engaños, y enredados en un odio atroz que les convierte en cómplices del gran dolor del mundo y en soldados del bando equivocado.

Y aunque es cierto que de momento ganamos, también lo es que ganamos por muy poco. La Civilización sobrevive por los pelos y de milagro. ¿Cuántas equivocaciones más podrá soportar? ¿Cuánto desdén añadido de los que más se benefician de la conquistada libertad, que son los que más la dilapidan defendiendo a los terroristas que nos querrían dejar sin ella?

No tenemos tanto margen, estamos muy cerca del límite. Da vértigo ver a estos indocumentados que todo lo confunden y que a todos nos ponen en peligro.

Mientras no comprendáis el papel de Israel en el conflicto de todos los conflictos, y que son ellos los que nos aseguran la pervivencia de nuestro mundo, tendremos un problema. Mientras los judíos sólo os gusten en Auschwitz, el drama está servido.