Envuelto en brumas de ausencia

Perdido en este desierto

Arrastrado por impulsos

Poderosos como el vértigo

He cruzado las fronteras

De los límites impuestos

Huracán de mis pasiones

¿contra qué cuerpo me estrello

en el voluptuoso espacio

de elementales deseos?


Sangre que sangra copiosa

De mi corazón expuesto

Ha penetrado en mis ojos

Y ha salpicado mi cuerpo

Y ha subido hasta mi boca

Y ahora la estoy bebiendo

(mi sangre la propia sangre

que nutre mis sentimientos.)


Envuelto en brumas de ausencia

Aun perdido en el desierto,

La noche me ha recogido

Con un abrazo de viento.

(la noche tiene de mí

un generoso concepto:

cuando cruzo las fronteras

de los límites impuestos

me tiende su mano amiga,

generosa como un beso.)


Julio 1949


Publicado en el Suplemento La Nación febrero 1950