La Mona Lisa, su hietoria



La Mona Lisa, pintada hacia 1505 por Leonardo da Vinci, está considerada como el prototipo de retrato femenino del Renacimiento. Esta obra, realizada con aceites sobre una tabla de álamo, mide sólo 77 x 53 centímetros, pero pese a su reducido tamaño y la sencillez de su composición es uno de los cuadros más famosos del mundo.

La identidad de la mujer pintada por Da Vinci sigue siendo un misterio. Según Giorgio Vasari, que escribió la biografía del pintor en 1550, se trataba de Lisa di Antonio Maria Gherardini (Mona es una contracción de madonna, que en italiano significa «mi señora»), la mujer de un mercader florentino, Francesco del Giocondo.

Pero esta afirmación no está exenta de objeciones, pues Leonardo nunca entregó la pintura a cliente alguno, sino que se la quedó hasta su muerte en 1519. Más recientemente, la doctora Lillian Schwartz, de los Laboratorios Bell, comparó digitalmente la Mona Lisa con un dibujo que se supone es un autorretrato de Leonardo.

De acuerdo con las similitudes entre ambos, Schwartz concluyó que se trata de un autorretrato en el que el pintor se convirtió a sí mismo en mujer. Esta teoría también resulta insostenible porque hay dudas sobre la autoría del supuesto autorretrato. Lo más probable es que la Mona Lisa no sea un retrato sino una representación del autor de su idea+ de mujer.

Independientemente de quién fuera el sujeto del cuadro, lo cierto es que demuestra el genial uso que hace Leonardo del sfumato, es decir, las suaves y difusas líneas que originan el misterio acerca del estado de ánimo de la mujer. Con esta técnica consiguió que su expresión facial resultara ambigua. Mucha tinta se ha derramado para describir la naturaleza precisa de la sonrisa de la Mona Lisa, y de hecho parece cierto que da la sensación de cambiar dependiendo del ángulo desde el que se la observe.

La Mona Lisa ha tenido una historia tortuosa a partir de la muerte de su autor. Fue comprada por Francisco I a cambio de 4000 piezas de oro. Estuvo colgada en el palacio de Versalles y en el dormitorio de Napoleón Bonaparte antes de terminar formando parte de la colección del Louvre.

En 1911 fue robada de este museo; reapareció dos años después en la habitación de un hotel de Florencia. En 1956 alguien vertió ácido sobre el lienzo, dañando la parte inferior; desde entonces se exhibe tras un doble cristal de seguridad.