El Castrismo, una Infamia cautivadora

El Castrismo,

una Infamia cautivadora


Cuba




Socialismo Urge que los nostálgicos de la proeza del año 1959 cambien de actitud. Se debe retomar la senda iniciada cuando, con y sin barbas, los hombres resolvieron que había llegado el tiempo de poner fin a la tiranía






revolucion El planeta está lleno de necios, embusteros y malhechores que, pese a tener defectos muy notorios, cautivan al prójimo. Lo cierto es que no se requiere de grandes talentos para recibir la colaboración del semejante cuando, ante todo, apelamos a sus sentimientos. La consagración de aventureros obedece a este entendimiento, puesto que sus partidarios son alimentados por las pasiones, excluyendo los mandatos racionales. La identificación con su lucha puede ser tan fuerte que, en ocasiones, toda una generación se cree llamada a defenderla sin moderaciones de ninguna laya. Fueron responsables de atizar apetitos revolucionarios, pensar en un mundo mejor; ergo, justifican que se haga hasta lo inconcebible por protegerlos. Aunque se acepten algunas objeciones, la seducción jamás dejará de orientar a los que apostaron por las quimeras.


Castrismo El castrismo es una de las pestes que nos fastidian desde hace varias décadas. Personas de diferentes edades, con mayor o menor imbecilidad, se dedican a procurar su salvaguarda. Ellos creen que es una obra ejemplar, el producto de ideas y sensaciones relacionadas con lo sublime. Ese proyecto social sería el que, a pesar de sus limitaciones, continuaría valiendo la pena. Es irrelevante que su inspiración teórica hubiese colmado de miserias cuantiosos países; menos aún, las atrocidades atribuidas al régimen. En síntesis, la Revolución es una gesta que no admite sino un soporte irrestricto. El problema es que, mientras las alabanzas continúan renovándose, los despropósitos al interior de aquella isla se repiten sin cesar. Sus bondades han sido siempre parte de un mito que conviene ayudar a demoler.


El Castrismo, una Infamia cautivadora Los guerrilleros que comandó Fidel Alejandro Castro Ruz no fueron determinantes para derrocar a Batista. Ese acontecimiento tuvo diversas causas; el ingreso apoteósico de hombres barbudos y armados no debe hacernos olvidar los otros factores. En cuanto a los sucesos que propiciaron la caída, debe resaltarse la participación de Estados Unidos. Es difícil imaginar esa huida presidencial sin la pérdida del apoyo brindado por dicha nación. En definitiva, hubo distintos actores en una contienda que tenía metas admirables. Porque, tal como lo han declarado sus combatientes, el objetivo era recuperar la democracia, restableciendo un orden congruente con las libertades civiles y políticas. A la postre, una minoría violenta y antidemocrática se apropió del triunfo. Es de canallas haber usado ese legítimo logro para concretar una utopía perversa.


Cuba Si bien Huber Matos sostuvo que Castro no era comunista, sino narcisista, cuenta con el espíritu de todos quienes han predicado esa doctrina. Los crímenes de su satrapía no tienen la envergadura del estalinismo sólo porque rige un país pobre. En sus dominios, el gusto por la intolerancia ha cobrado víctimas hasta el hartazgo. Es bueno apuntar que la sumisión se decreta a cambio de nada dignificante. Pasa que las conquistas en salud y educación son una patraña. Únicamente los extranjeros tienen derecho a ser atendidos con decencia en sus hospitales; para las demás personas, por carecer de medios económicos, queda el peor servicio. La situación del sistema educativo tiene un patetismo similar. Basta saber que los niños son adoctrinados en absurdidades del socialismo para negarle virtudes. Urge que los nostálgicos de la proeza del año 1959 cambien de actitud. Se debe retomar la senda iniciada cuando, con y sin barbas, los hombres resolvieron que había llegado el tiempo de poner fin a la tiranía.