Sentada desde su trono mira torturar y oye gritar a sus inofensivas doncellas. Sus seguidores son figuras silenciosas que traen fuego, cuchillos, agujas y atizadores; que torturan muchachas, que luego entierran. Como el atizador o los cuchillos, esos seguidores son instrumentos de una posesión. Esta sombría ceremonia tiene una sola espectadora silenciosa... Elizabeth Báthory
Las torturas y crueldad de Erzsébet Báthory...
sangre
Marcada por la perversión y la demencia, retrato perturbador del sadismo y la locura la Condesa Sangrienta ha pasado a la historia como un emblema del mal absoluto. En sus crímenes se vislumbran los límites últimos del horror.
Perversion
Su historia, ya la conté en otro post el cual puedes ver haciendo click AQUÍ... Pero ahora nos toca adentrarnos mas al fondo de esta asesina incomparable y echar un vistazo a sus métodos de tortura mas crueles en todo lo que fue de su vida:
crueldad
sadismo
asesina
Había en Nüremberg un famoso autómata llamado la «Virgen de Hierro». La condesa Báthory adquirió una réplica para la sala de torturas de su castillo. Esta dama metálica era del tamaño y del color de la criatura humana. Desnuda, maquillada, enjoyada, con rubios cabellos que llegaban al suelo, un mecanismo permitía que sus labios se abrieran en una sonrisa, que los ojos se movieran.La condesa, sentada en su trono, contempla.
Para que la «Virgen» entre en acción es preciso tocar algunas piedras preciosas de su collar. Responde inmediatamente con horribles sonidos mecánicos y muy lentamente alza los blancos brazos para que se cierren en perfecto abrazo sobre lo que esté cerca de ella ?en este caso una muchacha?. La autómata la abraza y ya nadie podrá desanudar el cuerpo vivo del cuerpo de hierro, ambos iguales en belleza. De pronto, los senos maquillados de la dama de hierro se abren y aparecen cinco puñales que atraviesan a su viviente compañera de largos cabellos sueltos como los suyos. Ya consumado el sacrificio, se toca otra piedra del collar: los brazos caen, la sonrisa se cierra así como los ojos, y la asesina vuelve a ser la «Virgen» inmóvil en su féretro.

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El camino está nevado, y la sombría dama arrebujada en sus pieles dentro de la carroza se hastía. De repente formula el nombre de alguna muchacha de su séquito. Traen a la nombrada: la condesa la muerde frenética y le clava agujas. Poco después el cortejo abandona en la nieve a una joven herida y continúa viaje. Pero como vuelve a detenerse, la niña herida huye, es perseguida, apresada y reintroducida en la carroza, que prosigue andando aun cuando vuelve a detenerse pues la condesa acaba de pedir agua helada. Ahora la muchacha está desnuda y parada en la nieve. Es de noche. La rodea un círculo de antorchas sostenidas por lacayos impasibles. Vierten el agua sobre su cuerpo y el agua se vuelve hielo. (La condesa contempla desde el interior de la carroza). Hay un leve gesto final de la muchacha por acercarse más a las antorchas, de donde emana el único calor. Le arrojan más agua y ya se queda, para siempre de pie, erguida, muerta.
pacto demoniacoLa Condesa Sangruienta
Las torturas y crueldad de Erzsébet Báthory...
Tapizada con cuchillos y adornada con filosas puntas de acero, su tamaño admite un cuerpo humano; se la iza mediante una polea. La ceremonia de la jaula se despliega así:
La sirvienta Dorkó arrastra por los cabellos a una joven desnuda; la encierra en la jaula; alza la jaula. Aparece la «dama de estas ruinas», la sonámbula vestida de blanco. lenta y silenciosa se sienta en un escabel situado debajo de la jaula.
Rojo atizador en mano, Dorkó azuza a la prisionera quien, al retroceder ?y he aquí la gracia de la jaula? se clava por sí misma los filosos aceros mientras su sangre mana sobre la mujer pálida que la recibe impasible con los ojos puestos en ningún lado. Cuando se repone de su trance se aleja lentamente. Han habido dos metamorfosis: su vestido blanco, ahora es rojo y donde hubo una muchacha hay un cadáver.

sangrePerversion
crueldad
Se escogían varias muchachas altas, bellas y resistentes ?su edad oscilaba entre los 12 y los 18 años? y se las arrastraba a la sala de torturas en donde esperaba, vestida de blanco en su trono, la condesa. Una vez maniatadas, las sirvientas las flagelaban hasta que la piel del cuerpo se desgarraba y las muchachas se transformaban en llagas tumefactas; les aplicaban los atizadores enrojecidos al fuego; les cortaban los dedos con tijeras o cizallas; les punzaban las llagas; les practicaban incisiones con navajas (si la condesa se fatigaba de oír gritos les cosían la boca; si alguna joven se desvanecía demasiado pronto se la auxiliaba haciendo arder entre sus piernas papel embebido en aceite). La sangre manaba como un geiser y el vestido blanco de la dama nocturna se volvía rojo. Y tanto, que debía ir a su aposento y cambiarlo por otro (¿en qué pensaría durante esa breve interrupción?).
sadismo
No siempre la dama permanecía ociosa en tanto los demás se afanaban y trabajaban en torno a ella. A veces colaboraba, y entonces, con gran ímpetu, arrancaba la carne ?en los lugares más sensibles? mediante pequeñas pinzas de plata, hundía agujas, cortaba la piel de entre los dedos, aplicaba a las plantas de los pies cucharas y planchas enrojecidas al fuego.
Durante sus crisis eróticas, escapaban de sus labios palabras procaces destinadas a las supliciadas. Imprecaciones soeces y gritos de loba eran sus formas expresivas mientras recorría, enardecida, el tenebroso recinto. Pero nada era más espantoso que su risa provocada por el sufrimiento ajeno?

asesinademencia
erzsebet bathory
No siempre el día era inocente y la noche culpable. Sucedía que jóvenes costureras aportaban, durante las horas diurnas, vestidos para la condesa, y esto era ocasión de numerosas escenas de crueldad. Infaliblemente, Dorkó hallaba defectos en la confección de las prendas y seleccionaba a dos o tres culpables (en ese momento los ojos lóbregos de la condesa se ponían a relucir). Los castigos a las costureritas ?y a las jóvenes sirvientas en general? admitían variantes. Si la condesa estaba en uno de sus excepcionales días de bondad, Dorkó se limitaba a desnudar a las culpables que continuaban trabajando desnudas, bajo la mirada de la condesa, en los aposentos llenos de gatos negros.
toturas
Las muchachas sobrellevaban con penoso asombro esta condena indolora pues nunca hubieran creído en su posibilidad real. Oscuramente, debían de sentirse terriblemente humilladas pues su desnudez las ingresaba en una suerte de tiempo animal realzado por la presencia «humana» de la condesa perfectamente vestida que las contemplaba.

pacto demoniacoLa Condesa SangruientaLas torturas y crueldad de Erzsébet Báthory...
A la que había robado una moneda le pagaba con la misma moneda? Enrojecida al fuego, la pobre niña que la desafiara debería sufrir un castigo 10 veces peor al de su "crimen". A la que había conversado mucho en horas de trabajo, la misma condesa le cosía la boca o, contrariamente, le abría la boca y tiraba hasta que los labios se desgarraban.
También empleaba el atizador, con el que quemaba, al azar, mejillas, senos y lenguas?
sangre
Un día en el que paseaba por los jardines del castillo, castigo a una niña amarrándola desnuda a un árbol; untándola con miel, consiguiendo así que las moscas y hormigas le recorrieran el cuerpo. La condesa le explicó a sus súbitos siniestramente que la niña estaba expiando el robo de un fruto. Sus seguidores rieron candorosamente, como si les hubieran contado una broma.
Perversion
Ella adoraba su espejo donde miraba su malevolente imagen que iluminaban sus deseos de tierras, sangre y sexualidad feroz que esta criatura siniestra reflejaba en los fríos espejos. La sombría y hermosa dama no era mas que una poseída por el demonio.

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Corría este rumor: La Condesa, para preservar su lozanía, tomaba baños de sangre humana. En efecto, Báthory, como buena hechicera, creía en los poderes reconstitutivos del «fluido humano». Ponderó las excelencias de la sangre de muchachas ?en lo posible vírgenes? para someter al demonio de la decrepitud y la condesa aceptó este remedio como si se tratara de baños de asiento. De este modo, en la sala de torturas, Báthory se aplicaba a cortar venas y arterias; la sangre era recogida en vasijas y, cuando las dadoras ya estaban exangües, se vertía el rojo y tibio líquido sobre el cuerpo de la condesa que esperaba tan tranquila, tan blanca, tan erguida, tan silenciosa.
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Fin del post, espero que os haya gustado. :3

@Lucifer_Soy_Yo



HASTA OTRA!!!